Infartos cerebrales Una circunferencia de cintura más grande de lo normal no sólo aumenta el riesgo de infarto cardiaco, sino también el de sufrir un ictus o accidente cerebrovascular agudo, según informó un equipo de investigadores alemanes. Una razón de peso, verdaderamente, para preocuparse por el aspecto físico ahora en verano.
Tener un abdomen pronunciado sería “mejor indicador” que el peso corporal para saber el riesgo de ictus (infarto, embolia, derrame o hemorragia cerebral) que corre una persona cualquiera. Así lo afirma el equipo del doctor Tobias Back, del Hospital Saxon en Arnsdorf (Dresden, Alemania), tras investigar un grupo de 379 adultos y comparar su peso y su edad con su complexión física, su perímetro de cintura y la prevalencia de casos de enfermedad cerebrovascular con más o menos gravedad.
A la luz de los datos obtenidos, se confirmó que tener sobrepeso, esto es, un índice de masa corporal (IMC) alto, basta para tener un riesgo mayor de sufrir un ictus, independientemente de otros factores como el sedentarismo, el tabaquismo, la hipertensión o la diabetes, que suelen asociarse al exceso de peso. Sin embargo, el estudio desarrollado por los científicos alemanes demuestra que, con todo, el tamaño del abdomen es la circunstancia de “más peso” tiene en relación con el aumento del riesgo de sufrir un infarto, embolia o hemorragia cerebral.
De hecho, a juzgar por los datos ahora publicados, se observa que las personas con la "relación cintura-cadera" más alta tuvieron siete veces más riesgo de ictus que aquellos con una circunferencia de cintura más controlada.
Cómo se calcula
La relación cintura-cadera se obtiene al dividir el perímetro de cintura por la de las caderas. A más grasa abdominal, mayor es esa relación.
"Si los valores de la relación cintura-cadera supera 0,97 en los hombres y 0,84 en las mujeres, se ha comprobado que el riesgo de padecer un ictus aumenta hasta casi ocho veces respecto a las personas con valores “saludables”, fijados en 0,92 para el hombre y 0,78 para la mujer", explicó el profesor Back.
Para mantener la glucosa a raya
CONTRA LA DIABETES: EJERCICIO A DIARIO
Los adultos con diabetes tipo 2 deberían hacer ejercicio aeróbico al menos cinco días de la semana, y preferiblemente combinado con “un poco de actividad con pesas”, para “proteger adecuadamente la salud cardiaca”, recomienda la Asociación Estadounidense del Corazón.
Esta prestigiosa entidad insta a los diabéticos a practicar por lo menos 2,5 horas semanales de ejercicio aeróbico moderado, como caminar enérgicamente, y eso unido a que hagan “entrenamiento de la resistencia” tres veces por semana, con trabajo de todos los grupos musculares principales.
La diabetes tipo 2 está muy asociada con la obesidad y puede manejarse inicialmente con una buena alimentación y el ejercicio, lo que implicaría eliminar uno de los principales factores de riesgo de enfermedad cardiaca.
"Dado el aumento observado de diabetes tipo 2 en adultos durante las últimas décadas en los países desarrollados, y la cantidad creciente de personas con sobrepeso y obesidad, debemos analizar cómo reducir las complicaciones cardiovasculares de la diabetes, y el ejercicio es una de las vías para lograrlo ", declaró el doctor Thomas H. Marwick, director de la investigación publicada.
Comenzar a bajo ritmo
La mayoría de las personas con diabetes pueden hacer ejercicio moderado de manera segura, “si bien los sedentarios deben comenzar despacio hasta alcanzar la cantidad de tiempo diario recomendado”, matizó el profesor Marwick, aclarando, por ejemplo, que pueden realizar tres sesiones de 10 minutos cada una en lugar de los 30 minutos diarios de corrido. Lo recomendable, en cualquier caso, “es no pasar períodos de inactividad de más de dos días”, aclaró el experto.
Para las personas que carecen de motivación, el ejercicio en grupo podría ser un incentivo. “No es necesario que sea una clase formal”, indicó Marwick, “basta con caminar con amigos, ya que la compañía de otras personas permite adherirse a una rutina física”. Lo fundamental, concluyó el científico, “es elegir un tipo de actividad que se disfrute y se pueda realizar”.
TAMBIÉN PROTEGE LA MAMA
Después de los 30 años, hacer al menos una hora de ejercicio moderado a la semana reduciría las probabilidades de que una mujer desarrolle cáncer de pecho, reveló un estudio presentado en la reunión anual del Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte, en Seattle. El equipo dirigido por Lisa Sprod, de la University of Northern Colorado, recogió información de 4.296 mujeres sobre la cantidad de actividad física que practicaban en cuatro etapas clave de la vida: 10 a 15 años, 15 a 30, 30 a 50 y después de los 50 años. La probabilidad de desarrollar cáncer de mama no varió según los niveles de ejercicio entre los 10 y los 30 años. Sin embargo, en las mayores de 30 disminuía significativamente el riesgo de tener la enfermedad cuanto más activas eran físicamente. "Preliminarmente, el mensaje para la población femenina sería que acumular más tiempo de actividad física después de los 30 años sería clave para reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama", señaló Sprod, animando a todas las mujeres adultas a luchar contra el sedentarismo.
La mujer, más vulnerable
SOBREPESO Y CÁNCER DE PÁNCREAS
Las mujeres obesas que poseen la mayor parte de su sobrepeso alrededor del estómago (las que tienen mucha tripa) son un 70 por ciento más propensas a desarrollar cáncer pancreático, según reveló un grupo internacional de investigadores.
"Hallamos que el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas aumentaba significativamente en las mujeres obesas posmenopáusicas que llevan la mayor parte de su exceso de peso alrededor del estómago", afirmó la doctora Juhua Luo, del Instituto Karolinska de Suecia.
Como parte de un estudio más amplio, conocido como ‘Iniciativa de Salud para la Mujer’, la doctora Luo y sus colegas realizaron un seguimiento de siete años sobre más de 138.000 mujeres posmenopáusicas en Estados Unidos.
Los resultados sugieren que la obesidad podría elevar el riesgo de cáncer pancreático al afectar los niveles de insulina y que la diabetes jugaría un papel clave. La obesidad es uno de los principales factores de riesgo para padecer el denominado “síndrome metabólico”, descontrol general del organismo que se manifiesta a través de enfermedades serias como la diabetes, la hipertensión arterial y una elevación acusada del nivel de colesterol “malo” en sangre (LDL).
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